Finalmente aprobado en álgebra. Juanillo Pérez
Queridos amigos: Quiero contaros lo cuesta arriba que se nos hacía aprobar una asignatura puñetera donde las haya. El “álgebra” . (Aunque la culpa no creo que sea tanto de la asignatura como del profesor).
Era curioso ver como cuando llegaba el examen final de álgebra, se llenaba la escuela de viejas glorias del pasado, intentando, una vez más, aprobar de una puñetera vez la dichosa álgebra.
El día del examen , había más gente y más ambiente en la escuela, que en las mismísimas fiestas de San Isidro . Se producían los típicos abrazos entre amigos que hacía tiempo que no se veían ( pues desde el último examen final de álgebra). Y ya de paso se remitían para el próximo. El profesor, cuyo nombre no recuerdo, pero mi querido amigo Carlos, seguro que sí, le decíamos el “Panchito”, por su parentesco a los mejicanos de las pelis de “Pancho Villa”. Yo recuerdo, que el último año mío en la escuela, me faltaba por aprobar el álgebra de primer curso, y todas sus derivadas de cursos posteriores.
Bueno , como veréis, era una asignatura realmente jodida de aprobar. En fin , “caprichitos” del señor profesor, que se ve que disfrutaba, cuando se le llenaba la clase el día del examen, y luego, en las listas de 100 alumnos, aprobaban 5. Y la nota más alta era un 6.- Tela marinera...
Era gracioso ver el libro de álgebra. Las primeras hojas, trataban de los conjuntos y subconjuntos y todo ese rollo, ( aunque para ser sincero, todo el álgebra era un rollazo que te mueres ), estaban hechas polvo de tanto manosearlas. Las hojas de los temas centrales del libro, estaban trilladas pero menos, y en los últimos temas, las hojas todavía olían a nuevas. Nunca llegábamos a estudiar a fondo los últimos temas.
Bien, llegó el enésimo examen final de álgebra. Yo, como de costumbre,( pues algo sabía del tema), salí del examen, pues como siempre, con pocas esperanzas, pero bueno, eso no era novedad.
Resulta que al cabo de unos 20 días, corren rumores por la escuela que habían salido
las notas de esta asignatura. Bueno, no iba a ser yo quien fuera corriendo a verlas. Una nueva decepción estaba a punto de producirse. Recuerdo perfectamente la situación. Iba esa vez solo. Andando despacio hasta el tablón de notas. Daba la sensación que era como ese condenado a la orca, yendo a su triste final de la ejecución. A lo lejos se dejaban ver el manojo de folios grapados en el tablón. Efectivamente eran las notas de álgebra. Al llegar, me sale del alma un suspiro de desaliento, y con poca fe, me pongo a buscar por orden alfabético mis apellidos. No podía ser. Dejo el manojo de folios , y me retiro unos metros hacia atrás. Vuelvo otra vez a acercarme y a buscarme de nuevo en la lista. No puede ser! A continuación de mi nombre había un numero. Era la nota y ponía 5 ( aprobado). Pasaron varios minutos y mi mirada, solo estaba clavada en mi nombre y en el 5. Todo lo que pasó, inmediatamente al conocimiento de mi aprobado, fue muy raro. Raro y extraño. Estaba solo. Fue curioso. Había un banco junto al tablón de notas y me senté, como cayendo desplomado. Estuve un buen rato. En silencio, solo, con la mirada algo perdida, una respiración muy suave, casi imperceptible y con el cuerpo aplomado e inmóvil. Jamás, jamás había tenido esa sensación después de conocer una nota de examen. Yo siempre había dicho a mis amigos, que cuando aprobara álgebra íbamos a pillar una cogorza de campeonato. Pues, en ese momento, nada más lejos de la realidad. Recuerdo ese día, después de conocer la nota, ir a casa y acostarme a dormir sin compartir con nadie mi aprobado. Todo fue muy extraño. Ni yo mismo me reconocía. Serían cosas que a uno lo superan, y no sabe muy bien darles ninguna explicación.
Al despertarme, empezó la sensación de alegría a invadirme. Creo que estaba despertándome del sock recibido. Ya volvía a ser yo mismo. Empecé a contárselo a todo el mundo. Mi amigo Vicky también había aprobado. Esa noche iba a ser larga , muy larga. Decidimos coger todos nuestros apuntes de álgebra, que por cierto eran un buen tocho, y hacer , con ellos, una pequeña “hoguerita” en un solar colindante a nuestro piso. Como en otras muchas ocasiones , nuestros queridos amigos los municipales, no quisieron perderse nuestra fiesta, y llegaron pidiéndonos los “Dni” y recriminándonos nuestra conducta. En fin, como siempre.
Pero nosotros estábamos acostumbrados a estos avatares, y después de que todo se tranquilizara, y los municipales,nos dejaran... La noche era joven. Muy joven... Y la noche fue larga. Muy larga...
Orihuela, una vez más, fue testiga de una fiesta de órdago. La ocasión lo merecía, y mucho .
No todos los días apruebas una asignatura después de intentarlo tantos años.
PD: Me dice Carlos que el profesor se llamaba Juanjo, y que en un principio la asignatura “hueso” de la escuela era la “química” de Don Joaquín Moreno, pero que por envidia, el cálculo infinitesimal y el álgebra se subieron a la parra para quitarle ese dichoso puesto de honor. (Deshonor, diría yo).
Carlos tuvo más problemas con la parte de cálculo, que finalmente acabó aprobando en Albacete, y siempre decía que qué triste irte a “Orihuelica” a que te suspendan más duramente que si estuvieras en “Harvard”, “Oxford” o “Salamanca”, con lo que yo estoy totalmente de acuerdo.

Recuerdo amigo Juan que en una ocasión una noche antes del examen de álgebra saliste a la terraza a mirar las estrellas. Yo salí también y con la mirada perdida me dijiste.....Paco. ¿De donde vendremos? ¿Es posible que exista algo mas allá de las estrellas? Entonces me dí cuenta de lo duro que era ese examen y de como era capaz de perturbar a mas de uno su bonita cabeza.
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